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19 Aug 2015   11:57:13 am
Mami, me aburro
?Qué fueron de los veranos de tres meses de vacaciones con todo el tiempo del mundo por delante para jugar? para jugar en libertad, quiero decir. Este verano lo he elegido así, lo he planteado así. Horarios básicos de comidas y tiempo libre, juego libre sin estructurar. Playa o piscina. Un día de cada. Una película en pantalla grande en el jardín y nada más. Y nada menos.

Mamá, estoy aburrida.
Espléndido, hija.

Casi lloro de emoción el primer día que una de mis pequeñas me soltó aquella frase que los niños decían antaño en vacaciones. Los niños ya no saben lo que es aburrirse y lo que es peor, a algunos padres nos dan los siete males cuando escuchamos el agobiante "mami, me aburro, y encima nos reconcome la culpabilidad por no estar cumpliendo alguna estúpida expectativa autoimpuesta o impuesta por... los tiempos. Somos esclavos de nuestro tiempo y en nuestro tiempo parece que los niños si no hacen siete mil actividades divertidas y bien organizadas a lo largo del día van a involucionar porque serán incapaces de desarrollar todas sus capacidades.

Olvidamos que su mayor capacidad debería ser la autogestión. ?Queremos niños independientes? no le dejemos un minuto libre, organicémosles hasta el último segundo de juego de sus días y a ver qué tipo de adultos genera esta corriente absurda que, de momento, nos conduce al consumismo y a la frustración por tener por delante horas y horas en blanco.
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03 Jul 2013   10:44:15 am
Escuelas de verano y nuestra responsabilidad como padres
Las vacaciones escolares nos ponen a los padres frente a un reto: ¿qué hacemos con los niños hasta que los progenitores pueden disfrutar de días sin trabajo? Afortunadamente la oferta de escuelas o campus de verano y campamentos urbanos cada vez es más amplia y estos constituyen una buena solución cuando no existen otras alternativas para “entretener” y “atender” a los niños mientras los padres trabajamos. Sin embargo, debemos estar alerta y elegir bien. La actual situación de crisis económica obliga a muchas empresas a ofrecer precios muy ajustados y esa merma económica suele repercutir en recorte de personal o en déficits de otro tipo, pero igualmente importantes.

En tres días han muerto cuatro niños ahogados en piscinas. Accidentes que nunca debieron ocurrir. Solo una de estas muertes se ha producido en una escuela de verano, pero la proliferación de piscinas en estas deben conllevar un refuerzo de la seguridad y la vigilancia, tanto por parte de la empresa como por la de los padres. Una vez que dejamos al niño en la escuela de verano, la responsabilidad recae sobre los cuidadores, la empresa, en cuestión, que gestiona el campus, pero… ¿podemos hacer algo los padres? Sin duda. No delegar absolutamente en estas empresas y permanecer vigilantes, atentos, hablar con los niños, informarnos adecuadamente y, sobre todo, exponer nuestras reclamaciones ante los responsables cuando nos parezca necesario. He visto cómo padres “sueltan” a los niños en los campamentos y escuelas y no se quedan ni diez minutos a observar, a hablar con los monitores, en definitiva,a preocuparse un poco por dónde y con quién dejan a sus hijos esas horas. Esas pequeñas charlas, esa observación del entorno, suelen arrojar pistas reveladoras. Y también importante, hablar con los niños, aunque sean pequeños, y explicarles dónde pueden existir posibles peligros y cómo actuar ante una emergencia.

No soy alarmista. Justamente ayer dejaba a mi hija en una de estas escuelas y me percaté de que su aula, que quedaba al final de una serie de tres aulas intercomunicadas por puertas interiores, tenía la puerta exterior cerrada con llave y con una cancela. Los niños de este aula debían pasar por otras dos antes de poder salir al patio. Ante un cortocircuito con fuego o humo, la clase se convertía en una ratonera. Lo hicimos notar al responsable del campus, así como a personal del colegio donde se desarrollan las actividades y hoy, felizmente, he visto que las tres aulas tienen abierta las puertas al patio. La seguridad de nuestros hijos es responsabilidad de todos.
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11 Jan 2013   08:35:11 am
El 20 por ciento de los adolescentes justifica la violencia
Justo ayer una compañera de trabajo me contaba que tenía que pedir cita con el gabinete psicológico del colegio de su hija adolescente de quince años porque había estado recibiendo mensajes ofensivos de alguna compañera de clase. Mensajes del tipo “eres la más fea de todas”, “nadie quiere ser tu amiga” pueden causar un profundo daño en la autoestima de una persona en desarrollo.

Hoy leo en El Mundo que el veinte por ciento de los adolescentes usa las redes sociales para acosar a compañeros y cualquiera que tenga cierta experiencia en foros de Internet y redes sociales sabe cómo se las gastan muchos usuarios amparados en el anonimato o en la “fuerza” que les da ser “líderes” en este tipo de grupos. Y es que más de la mitad de los jóvenes entre doce y dieciocho años cree que la violencia está justificada para conseguir determinados fines. ¿Cómo llegan a esa conclusión? ¿Qué les hace pensar eso? ¿Con quién han pasado estos niños los años previos para tenerlo tan claro? ¿Cuáles son sus modelos de conducta? ¿En quién se están mirando?

Ayer, mientras nos poníamos los abrigos para ir al cole, mi hija de cinco años me dijo que una de sus compañeras de laclase le había dicho que tenía que darle en el trasero a un niño mayor del patio. De momento no entendí lo que me quería decir. Luego me aclaró que esta compañera le había pedido que le diera un toque en el trasero a un chico del patio, uno mayor que ellas, como requisito para ser su amiga. Y esto con cinco años y sin redes sociales. Me vuelvo a hacer las mismas preguntas: ¿Qué les hace pensar eso? ¿Con quién han pasado estos niños los años previos parapensar esas cosas? ¿Cuáles son sus modelos de conducta? ¿En quién se están mirando?

“Es clave enseñar a convivir con la diversidad de opinión en la Red” La cita es de Gustavo Entrala, director general de la empresa publicitaria 101. Creo que lo que es clave es enseñar a convivir con la diversidad de opinión, sin más.
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04 Jan 2013   06:18:08 pm
La noche de Reyes sin complejos
“Es que los niños de hoy tienen demasiados juguetes”. A un día de la noche mágica de los Reyes la frasecita me tiene más que aburrida. ¿”demasiados” respecto a qué? Hablas con cualquier madre en el parque, en la puerta de la guardería o en el supermercado o, incluso, pagando en el mostrador de una tienda de juguetes y escuchas como la señora que paga en la caja de al lado recoge el ticket que le tiende la dependienta y, con la boca torcida, entonando ese mea culpa que no dejo de oír desde noviembre hasta que pasa el 6 de enero: “ya tienen demasiado, pero este es por parte de la tía Encarnita de Ciudad Real, que como vive lejos y es mayor, me encarga a mí su regalo”.

“Le hemos puesto un detallito en Nochebuena, para que vayan jugando, porque nosotros somos más de Reyes, y eso que tienen ya tantos juguetes…”. Después de que llevamos décadas siendo inoculados con el virus del consumismo, los que rondamos la cuarentena y tenemos hijos en la edad de la ilusión parece que tengamos que ir pidiendo perdón por ser espléndidos en estas fechas, como si de la “austeridad de Sus Majestades de Oriente” dependiera el patrón de comportamiento de los adultos del mañana respecto a valores como la generosidad o el ser racionales y comedidos en el gasto. Quiero pensar que los padres realizamos una labor más a largo plazo, diversa y compleja que no la circunscrita a los regalos de Reyes, que sólo vienen una vez cada año. Unos Reyes espléndidos no es sinónimo de que su hijo vaya a convertirse en un caprichoso de cuidado el día de mañana. Son esas cosas que se dicen por decir, por quedar bien y ser muy moderno y falsamente atento a la buena educación de los hijos. Quiero creer y estoy convencida, además, que el resto del año alguna influencia positiva tendremos los padres para enseñar a nuestros hijos a rechazar conductas egoístas, a ser generosos, espléndidos, no caprichosos y bondadosos. Cada familia regala lo que le parece y en la cantidad que estima conveniente, según sus circunstancias y no hablo del dinero. Así que padres y madres, disfruten sin complejos de esta noche mágica y de la ilusión que suscita en los más pequeños de la casa.

¡Feliz noche de Reyes y que Sus Majestades de Oriente sean muy, pero que muy generosos con ustedes!
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13 Jul 2012   07:40:49 am
Los niños, nuestro futuro: una lección
Me siento muy orgullosa de mi hija mayor, que tiene cuatro años y medio. Los adultos solemos quejarnos consumismo voraz de nuestra sociedad y de la mala influencia que esto tiene para nuestros hijos, pero… ¿de verdad hacemos algo los adultos para luchar contra ello? ¿No es más fácil dejarse llevar por esa corriente voraz sin pensar mucho? Son muchos los padres que dedican tiempo y energía a transmitir buenos valores a sus hijos, con la esperanza de estar sembrando en la dirección acertada. Es una inversión a futuro, a ciegas. La duda de si lo estaremos haciendo bien o mal siempre está ahí. Pero, a veces, una pequeña punta asoma sobre el oleaje y nos damos cuenta de que nuestro empeño diario sí va forjando ese gran iceberg de base sólida que deseábamos.

Le habíamos prometido un premio, un juguete, el que quisiera, por haber probado una nueva fruta. Este sistema de premiar con bienes materiales casi siempre me genera zozobra. ¿No estaremos haciéndole materialista e interesado? Quiero creer que los expertos tienen bases fundadas y sigo sus consejos.

Entramos en la juguetería. Ella había pedido un juguete. El padre y yo nos anticipamos otro día para mirar el precio y revisar sus características para preparar el terreno. Caro y poco estimulante para un niño: apretar botones y nada más. Antes de entrar en la tienda, le advertimos que puede escoger el juguete que quiera, pero que papá y yo le diremos si se ajusta al precio. Ella asiente. Le pedimos que primero se dé una vuelta y elija con calma, sin prisas. La niña da una vuelta… descubre en lo alto aquel juguete que el padre y yo habíamos ya descartado. Nos pide que se lo bajemos de la estantería, pero le explicamos los motivos por los cuales no se puede comprar. No es que no pudiéramos permitírnoslo, pero cada vez que mi hija se lanza a probar una nueva fruta no vamos a emplear treinta euros ¿verdad? Lo comprende y da otra vuelta más a la tienda mirando estanterías. Y otra y otra más. Finalmente se detiene frente a un guardián del espacio muy popular y que a ella le encanta. ¿Este puedo? Pregunta. El muñeco estaba de oferta. Un poco sorprendidos, vamos al mostrador con el juguete y nos cercioramos de que ese es su precio. Nos dicen que sí. Nuestra hija se pone contentísima y nos da las gracias nerviosa, pero, cuando vamos a pagar, la dependienta se fija mejor y dice que es un error, que ese no es su precio y rasga el cartel de la oferta para tirarlo a la basura. Su precio es el doble, dice. No sé qué cara pondría mi hija, pero sí sé el jarro de agua fría que me cayó a mí pensando en la desilusión de ella. Le explicamos que la dependienta se había equivocado y salimos de la tienda. Ni una disculpa por parte de las dos dependientas, ni un lo siento. Mi hija, a sus cuatro años y medio, ni una queja, ni una pataleta, sólo nos volvió a preguntar que por qué decía la mujer de la tienda que no si antes a papá le había dicho que sí. Le explicamos de nuevo toda la secuencia, subrayando el error. Entonces nos ha mentido, concluyó, y no nos ha pedido ni perdón, mamá. Su desilusión era manifiesta. Nosotros nos tragamos la nuestra y seguimos hablando con ella sobre el valor de disculparse cuando metemos la pata, que podríamos ir a otra tienda y encontrar un regalo mejor… ¿A que cien euros es lo más caro y un regalo de diez euros es más barato? Preguntó, tratando de entender el mundo que la rodea. Exacto, le dijimos. Y también le dijimos que estábamos tremendamente orgullosos de su comportamiento. Aprovechamos la ocasión para hacer eso que dicen los psicólogos de reforzar las buenas conductas.

Así que debo agradecer a la juguetería Osorno la oportunidad que nos ha dado de comprobar, una vez más, la hija tan extraordinaria que tenemos, la ocasión para reforzarla, para hablar de buenas conductas y malas. Ha sido una lección para ella, porque todo siempre no se puede tener y porque ha podido comprobar que los adultos muchas veces no se comportan como deben y lo feo que eso está.
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