Nuria del Saz myBloggie 2.1.5 © 2005   
19 Mar 2006   10:54:58 pm
Algo sobre los perros-guía
Me había prometido a mí misma escribir algo sobre los perros-guía en este blog en ese afán mío por divulgar ciertas cuestiones que aún son muy desconocidas entre aquellos a los que no atañe directamente, aunque los perros-guía, como compañeros de muchas personas ciegas, comparten el espacio público como otro miembro “de pleno derecho” más del tejido social y cuanto más se sepa acerca de ellos y su trabajo, mejor para todos.

El perro-guía no es un animal de compañía, no es una mascota, es decir, no se tiene por capricho. Quien opta por un perro-guía para moverse por el mundo, lo hace por que ha encontrado en ese “instrumento” una ayuda extraordinaria. Hablo de instrumento, de herramienta de trabajo, sin obviar, por supuesto, que es, ante todo, un ser vivo al que hay que cuidar y mantener en las mejores condiciones sanitarias y afectivas.

El Perro-guía se convierte en los ojos de su usuario. Ambos forman una unidad. Por tanto, ambos irán juntos a todos aquellos lugares públicos a los que tienen libre acceso amparados por la legislación española. Enumerar los lugares a los que el perro-guía puede acceder sería larguísimo. La lista se restringe cuando citamos dónde no puede entrar un perro-guía: la UCI, un quirófano y al paritorio. A todos los demás espacios públicos estos perros pueden acceder sin problemas. Incluso a visitar a un enfermo hospitalizado o a la consulta de un médico. El perro nunca debe dejarse fuera sin la supervisión de su usuario, pues es responsabilidad de este y de nadie más. Y cito este ejemplo porque ya me ocurrió que al intentar, en cierta ocasión, pasar a una consulta de la SS, la auxiliar de turno, vanagloriándose de su conocimiento, me urgió que dejara a mi perro-guía fuera de la consulta porque ella misma me conduciría al interior. Ante mi negativa (tras las explicaciones oportunas), me dijo que ya otra persona ciega con perro-guía había pasado por aquella consulta y había dejado al perro en la puerta. Mal por esa persona, pues el perro es su responsabilidad y no debió dejar al animal solo a merced de mil estímulos sin que nadie con la autoridad suficiente pudiera darle la orden adecuada llegado el caso.

Para cumplir adecuadamente su labor de guía, como le sucede a cualquier profesional, el perro debe estar concentrado. Así que no debe llamarse su atención mientras el perro va guiando a su usuario. Ante todo, el perro es un perro y si se le silba o llama él reacciona a esos estímulos con lo que estamos desconcentrándole y esa distracción puede poner en riesgo la vida de la persona ciega. Si el perro está distraído mirando a quien le ha llamado puede que no vea un obstáculo, o una zanja o ese coche que gira en una esquina.

Nada de comida a deshoras. La alimentación del perro-guía (como la de cualquier perro, por cierto) es cosa seria. Hay quien atiborra a su perro de “comida humana” asumiendo que el animal tiene la misma necesidad de engullir desayuno, almuerzo, merienda y cena y algo de picar entre horas. Nada más lejos de la realidad. La comida para el perro-guía, a parte de garantizar la salud y longevidad del can, forma parte de su disciplina diaria. Los perros-guía identifican la comida sólo con el pienso que se les da siempre a la misma hora en su plato. Ellos no deben asociar comida con cualquier tipo de comida. Como he dicho antes, estos perros pueden entrar en cualquier establecimiento público, un restaurante, por ejemplo, y no estaría bien que el animalito andara husmeando o pidiendo comida por cada mesa que pasara, tal y como hacen muchos perros de compañía que están acostumbrados a que sus dueños les den comida mientras ellos están sentados a la mesa. Sería muy molesto para todos si un perro-guía se pusiera a ladrar en un restaurante reclamando que alguien le de un trocito de solomillo ¿verdad? Y con una sola vez que se le ofreciera comida de una mesa estaríamos estropeando el adiestramiento que lo ha convertido en un perro educado al que se puede llevar a todas partes con un comportamiento ejemplar.

No son perros cualquiera... son perros adiestrados, de trabajo, que cumplen una función importantísima y mientras trabajan no se les debe molestar. Cuando lleguen a casa o sus usuarios les lleven al parque, ya podrán jugar como cualquier otro perro y disfrutar de un tiempo de recreo y todos los cariños. Son adorables y sé que es fácil rendirse a sus lánguidas miradas, pero haytiempo para todo.
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