Web de Nuria del Saz

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A modo de Bienvenida

Nací en Sevilla. Imagino que esta circunstancia imprime carácter, porque se dice que esta ciudad, donde también vivo, es especial, mágica. Y también se dice que tiene duende. Creo que sí, que el duende flota en el aire y nos impregna de alguna forma desde que nacemos. O tal vez yo lo siento así porque mi madre nació en Triana, en la misma calle Betis, a orillas del Guadalquivir y, desde que puedo recordar, he aprendido, por sus palabras, que Triana es punto y aparte y yo he crecido con esa certeza. Circulan por ahí unas camisetas muy simpáticas con el lema "Triana República Independiente", aunque quien las luce jamás renunciaría a independizarse realmente de Sevilla, porque Triana y Sevilla no se entienden la una sin la otra. Vaya... Me estoy desviando de mi propósito inicial. Decía que soy sevillana y, a estas alturas, ya habrás notado que me encanta la ciudad donde vivo. No me gustaría vivir en ninguna otra parte. Miento. No me importaría vivir un tiempo en Nueva York. Otra ciudad que me encanta, aunque presenta el inconveniente de que ningún miembro de mi familia reside allí y les echaría mucho de menos. Mi infancia transcurrió feliz rodeada de mis padres, mi hermana y el resto de la familia: mis abuelos, tías y tíos y primos. Nos gusta pasar tiempo juntos y lo procuramos con empeño. Pasé aquellos años felices jugando con mis Barbies y los Clic de Famobil que me prestaban los chicos de la familia, aunque, con el tiempo, conseguí tener los míos propios. De todas formas, ahora que lo pienso, jugué mucho más con los Pinypon y las Barbies, que todavía me encantan, que con los Clics. Y aquellos años felices, libres de preocupaciones, fueron pasando mientras yo aprendía a leer y escribir en el colegio y aprendía cómo era la vida que me había tocado vivir.

 

Entrando apenas en la adolescencia, me sucedió algo que me hizo pensar y empezar a ver las cosas de otra manera. Estudié en un colegio religioso, de monjas, donde crecí y pasé momentos realmente maravillosos. Si no fuera por los exámenes daría cualquier cosa por volver a sentarme en uno de sus pupitres a media tarde para escuchar de nuevo las clases de Literatura o Latín. Y, si retrocedo más en el tiempo, para jugar en el patio a "poli-ladron" y soñar con lo que haría nada más llegar a casa a las seis menos cuarto de la tarde. Como decía, el colegio donde estudié era católico. Cuando tenía doce o trece años, me busqué unas clases extra de conversación en inglés. Me apasiona esa lengua. Yo quería hablar y entender bien inglés. Desde pequeña, me intrigaba ver dibujos animados de Disney que hablaban con ese soniquete que yo no entendía. Pues bien. El primer día de conversación, la chica estadounidense con la que había acordado dar las clases, me preguntó, en inglés, claro, a qué religión pertenecía y me dijo que ella era judía. ¡Madre mía! Fue un shock para mí percatarme de que la gente no tenía por qué ser cristiana. Era algo que nunca me había planteado. Había crecido en una sociedad católica donde se daba por hecho que todos éramos cristianos. Sentí algo extraño. Miedo, tal vez, a lo desconocido. Una sensación que me llevó a muchas reflexiones y que fue el punto de partida de una revisión general de lo que había aceptado sin más por el hecho de haber nacido en un lugar concreto. Años más tarde, cuando pude viajar a los Estados Unidos por primera vez esa revisión fue más profunda y mis horizontes se ampliaron. Creo que hay que vivir con amplitud de miras y disfrutar de la diversidad que nos ofrece el mundo.

 

Con catorce años tuve mi primer programa de radio en una emisora independiente que, con la ayuda de mi familia, monté en mi propia casa. Se llamó Onda Total y su emisión, de siete a nueve de la tarde, consistía en un programa musical que llamé Sonido Total Tope Guai (sonrisa), cosas de los años ochenta. Durante casi dos años duró aquel sueño fantástico lleno de música y amigos. Un sueño que terminó con una carta de cierre enviada por Telecomunicaciones. La experiencia radiofónica, no obstante, no terminó con Onda Total. Conseguí tener algún espacio en las ondas sevillanas de la época hasta que mis estudios lo invadieron todo. Aún así, aprendí mucho junto a Diego Ferrandiz, director de Onda Cero Alicante, quien me dirigió durante la Expo 92 en una radio experimental dentro del Pabellón de la ONCE.

 

Como digo, el bachillerato y la Universidad me alejaron definitivamente de la radio, que no del micrófono, y en 1998 se cruzó en mi vida la televisión. La oportunidad llegó de Canal Sur TV, de la mano del entonces director de Canal 2 Andalucía, José Antonio Gurriarán, quien propuso al equipo directivo de ese momento mi nombre para presentar los informativos de Canal 2. Una nueva televisión que echaba andar ese mismo año.

 

Comencé a presentar informativos en televisión cuando aún me quedaba un año para licenciarme en la facultad de Ciencias de la Comunicación de Sevilla. Estudios que concluí un año después. Quiero agradecer a mis amigas Raquel y Mariló la ayuda que me brindaron durante toda la carrera y, especialmente, aquel curso durante el que trabajaba por las mañanas y estudiaba por las tardes y que me permitió licenciarme junto a mis compañeros de promoción.

 

Actualmente presento el avance informativo de las 11:30H en Canal Sur TV y el informativo multiprovincial que se emite vía satélite por el canal Andalucía TV.

 

En blanco está el futuro, los años por venir. Gracias por haber llegado hasta aquí y espero que encuentres algo de interés en esta web.

 

Nuria del Saz.